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SOLAJERO: del naciente al poniente

Solajero nace del diálogo entre la luz, la geografía y el tiempo en La Palma. La colección se concibe como un recorrido continuo a lo largo del día, donde cada pieza representa un fragmento del paisaje y la luz en constante transformación, desde el amanecer hasta el atardecer. No se trata de cápsulas aisladas, sino de un relato cromático y sensorial que conecta al espectador con la isla en toda su amplitud.

Inicio · El naciente (Amanecer): el Sol emerge por el este, despacio y silencioso, sobre la costa oriental de La Palma. Playas como Nogales, Los Cancajos y sus líneas de arena reciben los primeros reflejos del día. La luz es suave, húmeda y delicada: rosados diluidos, beiges luminosos y grises azulados se mezclan en transiciones orgánicas. Las formas se muestran suaves y etéreas, como si el color aún no hubiera decidido su intensidad. Esta fase de la colección abraza la sutileza y la delicadeza de la paleta pastel, evocando la calma y la frescura de los primeros rayos de sol.

Centro · El sol alto (Mediodía): a medida que el sol asciende, la isla se revela con nitidez: las cumbres, los riachuelos y la Caldera se muestran con toda su fuerza. La paleta cromática se intensifica, adoptando verdes húmedos, grises volcánicos y reflejos de agua brillante. La colección adquiere estructura y fuerza, con piezas más definidas y materiales que evocan la mineralidad y la energía del corazón de La Palma. Es la fase del día en la que la luz deja ver cada textura y cada relieve de la isla, transmitiendo vitalidad y claridad.

Final · El poniente (Atardecer): cuando el Sol desciende hacia el oeste, la isla se sumerge en un espectáculo cromático: rosas intensos, naranjas quemados, violetas profundos y, finalmente, negros volcánicos. Playas como Puerto Naos o el Puerto de Tazacorte reciben los últimos reflejos cálidos antes de la noche. Las formas se vuelven más envolventes, sensuales y dramáticas, con una intensidad que calienta la piel y los sentidos. Esta fase final es una celebración del dramatismo natural, donde la luz se quema lentamente y da paso a la profundidad de la noche.

Solajero es, en definitiva, un viaje de luz y color que transcurre de este a oeste, del amanecer al ocaso, un homenaje a la geografía y la energía única de La Palma, donde cada pieza refleja un instante del día y de la isla.


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